lunes, 7 de febrero de 2011

Belle Époque









Estamos en 1900. La primera década del nuevo siglo está llena de esperanza, ilusión e innovación.
Las consecuencias de la Revolución Industrial por Europa y Norteamérica, habían cambiado de forma radical la sociedad occidental, pasando de una cultura agraria a una moderna y urbana.
Con ella, llega la nueva clase media, preparada para consumir los bienes que ofrecía el mercado.
Es una década de debuts. La exposición universal de 1900, promociona el cine sonoro, los motores diesel y los telescopios, por ejemplo.
Pero a pesar de las innovaciones de la época, la moda entra en el nuevo milenio mirando a los estilos del pasado.
 La ropa expresaba la opulencia de  época, vestida por aristócratas y por la elite adinerada, seguía más la estética sinuosa del Art Nouveau (1890), que cualquier señal de modernidad.

Las mujeres modernas, de aspecto maduro, aparecieron envueltas en encajes, volantes, boas de plumas, y sombreros de cine adornados con plumas o flores.
La ropa interior se amontonaba de  forma complicada en capas, incluido el incómodo corsé de sifón.
El ideal de belleza estaba representado por La Chica Gibson,  mujer con curvas, ojos grandes, facciones delicadas y cabellera oscura. Llevaba faldas largas y blusas sobre una figura fuertemente encorsetada. 





Los hombres seguían fieles los códigos de la vestimenta, regulados por la ocupación, el estatus, la situación social y el momento del día. Vestían trajes estrechos y a menudo se cubrían con un bombín durante la mañana.

Los gastos desorbitados en moda, son un símbolo del consumismo de la Belle Époque. Tanto es así que las mujeres ricas patrocinaban a los grands couturiers de París: Callot Soeurs, Doucet, Paqin o Worth. 
En Londres frecuentaban  Lucille, compraban sus trajes a medida en casas veteranas como Redfern y Creed, mientras que los maridos vestían en las sastrerías londinenses de gran reputación ya que por sus cortes y calidad de las telas, no tenían rival.

En España, tenemos a Fortuny, pero lo de este hombre es para hacerle directamente un monográfico. 




Los menos adinerados se favorecían de las ventajas logradas ya en  la época anterior por la industria textil. Las pendas estaban fácilmente disponibles en los grandes almacenes que iban apareciendo por todas las ciudades importantes.
Muchas mujeres contrataban a una modista, o se hacían su propia ropa  gracias a las ilustraciones de la época, muy detalladas, que permitían copiar a los grandes modistas.
Había una gran difusión mediante revistas especializadas de patrones que brindaba la oportunidad, si no había muchos medios, de por lo menos, profundizar en el interés por la moda. 



La primera gran entrada a escena fue la de Paul Poiret, el diseñador más interesante e innovador, que elevó la moda y su representación a la categoría de arte.
Poiret fundó su propia casa de alta costura en 1903.  El mismo año en que se proyecta la primera película: “El primer gran asalto al tren”.
Son los años del cambio radical del arte en toda Europa. En 1905 exponen Los fauves, en el salón de Otoño de París.
En 1907, encabeza el cubismo Las Señoritas de Avignon de Picasso. Los expresionistas alemanes, los futuristas italianos y los constructivistas rusos  exploran nuevas ideologías a través del arte. Y la moda responde a estos nuevos impulsos. El lazo entre arte, moda y diseño cada vez se hace más fuerte. 





Cuando los Ballets Rusos de Serge Diáguilev ( Leon Bakst se encarga del diseño de escenografía y vestuario) con Cleopatra irrumpen en la escena parisina con multitud de colores deslumbrantes y atrevida desnudez, la moda responde rápidamente.   
Los pasteles de la Belle Époque se sustituyen por tonalidades brillantes adornadas con plata y oro.
Los diseños de Poiret reflejan la influencia de lo oriental: Los pantalones de harén lucían bajo túnicas y se complementa con turbantes de lamé decorados con plumas y joyas.



              








                                            



  


Muchos diseñadores desarrollan una silueta más tubular y funcional, el Estilo Directoire
Los cuellos altos y rígidos se sustituyen por escotes en V, las vistosas pamelas dan lugar a estilos más sencillos como la toca, y los detalles recargados se van dejando de lado.

Poiret,  que era un gran vendedor, tuvo sus mayores éxitos en el mundo empresarial  al contratar a artistas jóvenes con talento. Raoul Dufy , por ejemplo, creó telas estampadas para su taller, Paul Iribe trabajó como ilustrador, así como Georges Lepape en cuyos trabajos hacían uso de técinas japonesas muy complicadas destinadas a álbumes exclusivos. 







  
Acabamos de pasar la primera década y las casas de moda más influyentes serán Poiret, Chéurit, Doeuillet, Lanvin, Doucet, Redfern y Worth.

Llega la guerra y el avance de la moda no se ve afectada por esta, aunque las privaciones económicas, el equipamiento de los ejércitos, y las restricciones de las exportaciones, provocaron trastornos en la producción y distribución.
Sin embargo, muchas casas parisinas continuaron organizando bienales durante el conflicto, que para muchos trajo una nueva liberación a la hora de vestir. Se necesitaban estilos más prácticos y a las mujeres que trabajaban en la contienda, ya fuese en municiones, conductoras o campesinas, se les permitía por primera vez el uso de pantalones y los bombachos.

En 1918, muchas viejas jerarquías sociales habían caído y la moda empezó a democratizarse cada vez más y eso junto con los avances de la fabricación facilitó la comercialización de las prendas en cadena.







La mujer moderna por antonomasia fue Gabrielle “Coco” Chanel, que lanzó su primera colección de alta costura en 1916 y se convirtió en la diseñadora más influyente de la década de 1920 y 1930.
Ella introdujo el look a lo garçonne: punto flexible y tweed son las claves, y por primera vez se adaptan prendas de armaio masculino al vestuario femenino, utilizándose la lana, que se empelaba en la ropa interior de hombre, para hacer prendas cómodas y estilosas destinadas a la mujer, incluidos los pantalones para navegar, basados en los pantalones acampanados de los marineros y las prendas deportivas, como las chaquetas de punto. 
Y esta idea se impuso a la encorsetada chica Gibson y a la del kimono de Poiret

Por otra parte, Hollywood, comienza a producir largometrajes haciendo que los actores se conviertiesen en estrellas de un día para otro, e influyendo en las tendencias de moda del mundo.
El arte, siempre influye directamente en la moda, el neoimpresionismo y las vanguardias como el cubismo, inspiran escaparates y ante la escandalización de algunos por el “Desnudo bajando una escalera” de Duchamp, y las formas femeninas distorsionadas de Matisse, otros se inspiraban en ellas. Tanto es así que la Vogue  americana empezó a incorporar moda cubista en sus ediciones.











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