Una de ellas es volver a coger los pinceles y no precisamente por el resultado, si no por el acto en sí.
Muchas veces nos centramos en el resultado final de lo que hacemos olvidando el proceso, si el resultado está bien, bien, si es ta mal, fatal.
A veces nos preocupa más satisfacer a los demás que a nosotros mismos.
Porqué hacemos eso? tal vez para obtener reconocimiento de alguien que de algún modo nos importa? para demostrar que valemos?
A quién? de quién son esos ojos que te juzgan, qué hace cuando llega a casa del trabajo? son más nobles sus vicios que los tuyos?
por qué piensas que eres peor que él o ella?
Entiendo que en parte sea ley de vida, ya que formamos parte de una sociedad-selva.
Pero a veces es bueno darse cuenta de cada minuto, de cada acción que realizamos y disfrutarla en la medida de lo posible.
Una de estas acciones reconfortantes es pintar por pintar, otra es cantar por cantar, así automático porque te sale, otra es bailar por bailar, de hecho si cada mañana nos pusiéramos un temazo y en soledad diéramos rienda suelta sin importar nada, todos estaríamos de mejor humor y la ciudad sería un lugar mucho más apetecible.
Otra es querer por querer.






