domingo, 18 de abril de 2010


No piloto nada yo de música electrónica.

No nos damos cuenta pero a veces te centras en algo que sí, te gusta, y te metes en una dinámica limitada, en la que simplemente, no percibes otra cosa porque no la ves.
Asumimos una serie de roles casuales, intentamos construirnos continuamente, creando una identidad de cara a los demás hecha de artificios, generalmente basados en como nos gustaría ser, que vienen dados como si se tratasen de clichés por catálogo, de los cuales nos apropiamos para sentirnos identificados con el grupo que nos interesa.
Tenemos ansias por el encasillamiento dentro de una sociedad veloz de realidad cambiante. Y esto nos hace nómadas de nosotros mismos, híbridos.
Ahora, yo me pregunto dentro de todo esto, ¿La multifuncionalidad conlleva una falta de identidad? ¿Quién mucho abarca, poco aprieta?
Porque personalmente considero que ahí está la riqueza.
Dejarnos de cotas y observar lo que está más allá, cambiar el eje de vez en cuando y ampliar el campo de visión.
Es nuevo, es divertido y es muy interesante.

Todo esto viene a que el viernes fui a un concierto de High Places, un par de norteamericanos de frialdad nórdica. Un concierto al que probablemente no, seguro, no se me habría ocurrido ir, y me gustó.
Las bases tenían un ritmillo bailable con un deje así como keniata a veces. Él tocaba un tambor muy extraño, y ella jugaba con la distorsión de su voz, muy bonita por cierto, con un toque madoniano.


Y es verdad que tenemos ese afán de definirnos: yo soy esto, esto y esto, y me gusta esto y esto, que sí, está bien para conocerse superficialmente un poco e interaccionar, pero la cosa ahora está en deshojar la alcachofa y encontrar la esencia de cada uno.
Entonces yo creo que te encuentras con una base parecida, con el desnudo. Algo muy común pero a la vez pudorosamente íntimo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario